4 Octubre. Puente Catalunya-España, o sobre la Gestión de Conflictos.

Foto: Juanto Fernández

4 de Octubre. Lejos de encontrar soluciones, el conflicto en Catalunya-España parece no encontrar el camino al encuentro y el entendimiento.  Si  consideramos que los representantes últimos de ambas partes -y por tanto los que pueden y a los que corresponde encontrar soluciones y llegar a acuerdos- son los responsables gubernamentales estatales y autonómicos y sus respectivos ministros o consellers, habremos ganado una primera batalla en esta guerra para muchos sin sentido. Deberían ser los primeros en estar dispuestos a sentarse cara a cara, durante el tiempo que sea necesario. Ellos son los que nos representan a todos, aunque algunos no nos consideremos debidamente representados.

Ciertamente el aporte y la opinión de todos y cada uno de nosotros es importante, seamos partidos políticos, sindicatos, asociaciones o entidades de todo tipo, cargos públicos, empresarios… usted, yo mismo, todos tenemos derecho a expresarnos libremente y a tener nuestras propias convicciones. Pero es cierto que cuanta más partes y argumentos entren en un proceso de gestión o resolución de conflictos, más difícil será encontrar los puntos de partida iniciales, el camino a seguir y los objetivos comunes necesarios. Cada uno de nosotros puede y debería poder participar en el proceso desde sus propias emociones, pensamientos, valores y actitudes, desde sus acciones concretas. Pero entenderemos fácilmente que esto es un imposible cuando se necesitan soluciones efectivas, urgentes y a corto plazo. De hecho, muchas de las declaraciones –y acciones- de todo tipo de personas y cargos públicos no están haciendo más que alimentar el despropósito, el desencuentro y el enfrentamiento directo.

Desde el enfoque del respeto a los derechos humanos y la legislación internacional, desde una perspectiva de justicia social y una cultura de paz y valores universales, entiendo que el conflicto puede y debe ser resuelto por los mismos implicados –nuestros representantes políticos en este caso - quizás con la correspondiente ayuda de mediadores imparciales.

Una de las opciones en la gestión-transformación de conflictos pasa por definir de forma lo más precisa y exacta posible el conflicto o problema, visto desde todas las partes y profundizando en toda su complejidad. Esto requiere tiempo, autocrítica y esfuerzo. También cesiones. El segundo paso es establecer prioridades y objetivos concretos a corto, medio y largo plazo definiendo con claridad todo aquello que se pretende lograr más allá de soluciones parciales e inmediatas, que si bien son importantes deben considerarse como un punto inicial. El tercer paso necesita del estudio creativo de todas las alternativas posibles, así como de todos los mecanismos, acciones y métodos que nos podrían ayudar a lograr la transformación, desde una perspectiva basada en el conocimiento y respeto mutuos, la empatía, asertividad, cooperación, inteligencia emocional, habilidades sociales básicas y competencias cognitivas. Un cuarto paso sería entender la transformación del conflicto como un proceso en el que la evaluación continua -entendida como análisis y toma de decisiones en función de resultados- sería una valiosa aliada a lo largo del tiempo.

El enfoque basado exclusivamente en la ley (moral o normativo) es el que lleva frecuentemente al uso de la fuerza, la imposición y el enquistamiento del problema, pudiendo incluso agravarlo. Solo desde el diálogo, el respeto mutuo y la cooperación encontraremos el camino hacia un futuro en el que todos salgamos ganando. El uso de la violencia física, verbal o psicológica  no estará nunca justificado ni ayudará, por muy “legítima” que sea. 

La gran pregunta siempre debería ser... ¿Cómo podemos ganar todos juntos?